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Caficultura salvadoreña: Razones de su declive

Artículo de opinión escrito originalmente para la versión en línea de la revista "El Economista".


La República de El Salvador fue construida a base de café. Ahora, la industria que trajo crecimiento económico y volvió al más pequeño de los países de América Central en el 3er mayor productor del mundo se está muriendo.

¿Cómo puede ser esto cuando el consumo mundial de café está en aumento? ¿Cómo puede una industria ir cuesta abajo cuando hay tantas oportunidades de negocio? ¿Por qué es el café salvadoreño un moribundo?

Primero, un poco de contexto…

El Salvador se convirtió en el tercer más grande productor de café durante los 70s; con una producción estimada de 4.0 millones de quintales de café verde. Fortunas, grandes y pequeñas se basaron en el “grano de oro”, como se le llamaba.

En ese entonces, mientras el crecimiento económico prosperaba, la desigualdad económica alcanzó niveles grotescos: el 5% de la población recibía el 38% por ciento del ingreso nacional total; menos del 2% poseía más de la mitad de la tierra agrícola valiosa.

Una guerra civil de 12 años inició en 1980, llevando al país hacia atrás drásticamente. 24 años más tarde, la caficultura estancada parece vivir sus últimos días.

Hay causas estructurales a nivel de país y otras particulares de la industria que explican su estado débil actual. Estas son:

Políticas públicas débiles: Históricamente, El Salvador ha carecido de un conjunto integral de políticas públicas en materia de desarrollo económico, social y ambiental en las zonas rurales. Incluso después de que terminó la guerra, el modelo económico excluye industrias agrícolas como motores de crecimiento y desarrollo. El actual Gobierno implementa medidas como donaciones de plantas de café resistentes a las plagas, pesticidas y asistencia técnica. Estas, aunque bienvenidas, han demostrado ser insuficientes.

Cambio climático: Los patrones climáticos erráticos y fenómenos como “El Niño” y “La Niña” se han convertido en fuertes amenazas externas a la agricultura. Esto ha causado cambios en el ciclo agrícola, disminuyendo la productividad y ha expuesto a los cultivos a versiones mutadas de enfermedades como la roya del café. Los agricultores todavía están aprendiendo a adaptarse con el fin de mitigar los riesgos que han llegado con el cambio climático.

Altos niveles de inseguridad: El Salvador es uno de los países más inseguros del mundo. Solamente en 2015, 6,653 personas fueron asesinadas. También, miles de empresas de todos los tamaños son extorsionadas por bandas criminales que luchan entre sí por el control territorial. Esto incluye algunas zonas rurales, incluidas las fincas. Como resultado, algunas fincas han sido abandonadas. Esto también afecta claramente a los trabajadores, quienes deben buscar otro empleo para sobrevivir.

Propiedad de la tierra fracturada: En 1980, se realizó una reforma agraria que fue ejecutada pobremente. Su propósito era reducir las tensiones sociales, evitar la guerra civil y traer la igualdad económica. Esto fracasó rotundamente. De acuerdo con el censo agrícola gubernamental de 2008, existen 16,995 productores de café, 52% de ellos tienen menos de 3 manzanas. Esta estructura de propiedad de la tierra altamente fragmentada hace difícil la implementación de políticas y estrategias y alcanzar economías de escala, a pesar de la existencia de cooperativas de diferentes tamaños y niveles de desarrollo.

Escaso acceso al financiamiento: Esta coyuntura representa un grave riesgo para las instituciones de crédito. Los bancos comerciales privados (alrededor del 90% de todo el sistema bancario en El Salvador) no prestan más a los productores de café. Sólo el trío de bancos de propiedad gubernamental lo hace, pero en términos aún considerados  sub óptimos. Además, los caficultores tienen deudas a largo plazo que obstaculizan su progreso significativamente.

Conocimientos de negocio limitados: Muchos productores no administran su finca como una entidad productiva y lucrativa. Es común que no tengan planes operativos estrictos para sus fincas, así sus recursos disponibles son invertidos ineficientemente o incluso desperdiciados completamente. Incluso hoy en día, una crisis tras otra, algunos productores utilizan capital de trabajo para su consumo personal.

Plantas de café y productores de café de edad avanzada: Los caficultores no han podido renovar sus plantaciones periódicamente. Esto ha dado lugar a una sobreabundancia de árboles viejos de bajo rendimiento: en 2014, más de la mitad del total de árboles de café eran por lo menos 20 años de edad y más del 90% eran de 11 años de edad o más. Por otra parte, los caficultores tienen en su mayoría de 50 años o más. Esto se debe a que las generaciones más jóvenes han encontrado que los esfuerzos empresariales en otros sectores o tomar un trabajo son menos riesgosos que la agricultura.

Bajos niveles de modernización: La trágica historia de El Salvador ha jugado un papel en su falta de modernización. Muchos agricultores continúan con prácticas que están profundamente arraigadas en el pasado, haciéndose difícil el ser competitivos. En contraste, caficultores extranjeros son más proclives a manejar conceptos como permacultura y biotecnología.

Liderazgo fracturado: En el pasado, las asociaciones de café funcionaron como una unidad sólida. Sus opiniones importaban, ya que sus decisiones tenían repercusiones importantes en las políticas públicas. Hoy en día, varios productores, beneficiadores y exportadores y otros grupos relacionados con el sector son débiles, están dispersos e incluso envueltos en disputas internas. ¿Cuándo surgirá un nuevo liderazgo?

Migración laboral: Los trabajadores agrícolas son los individuos más afectados en la cadena de valor del café. Incluso más que los propietarios de tierras. Cuando disminuyen las oportunidades de trabajo, migran a las zonas urbanas para tomar otros empleos o incluso emigrar ilegalmente, principalmente a los EE.UU. Esto disminuye la fuerza de trabajo para las fincas que todavía funcionan en alguna capacidad y aumentan los niveles de pobreza para todos.

Bajos niveles de educación: Cuanto más bajo sea el nivel de educación, más difícil se hace descartar viejos paradigmas y adoptar nuevos. El analfabetismo funcional es alto. La tasa de analfabetismo en El Salvador tal vez este reduciéndose pero esto no quiere decir que las habilidades de lectura y escritura presentes son suficientes para hacer frente a las tareas diarias de vida y empleo que requieren este tipo de habilidades más allá de un nivel básico. Esto es un obstáculo considerable para cualquier política pública y estrategia que podría ser puesto en su lugar.

Obreros menos productivos: Es común que la gente que recibe remesas familiares ahora trabaje menos. Esto porque al recibir flujos monetarios constantes, se reduce la propensión para trabajar, convirtiéndose en una razón más de la reducción de mano de obra disponible en las fincas: o trabajan menos y menos frecuentemente o dejan de trabajar completamente.

¿Puede el café salvadoreño sobrevivir?

El café debe ser visto como un motor fundamental de la sostenibilidad ambiental, económica y social en El Salvador. Sin embargo, reformas estructurales son necesarias para que esto suceda en el largo plazo. Las políticas públicas deberían centrarse en la mejora de la productividad y en construir una estrategia de diferenciación que facilite a los productores ganar penetrar nichos de mercado, permitiéndoles ganar primas adicionales al precio de mercado. Los cafés especiales son el nicho más preciado. También, mejores prácticas de negocio deben ser implementadas con el fin de reducir la migración laboral y mejorar las condiciones de trabajo de los obreros.

En el lado positivo, hay algunas iniciativas promovidas por organizaciones internacionales y productores con visión de futuro destinadas a mitigar los efectos del cambio climático, como la roya del café (IICA y la Unión Europea) y la mejora genética de café (World Coffee Research y J. Hill, entre otros).

Es importante mencionar que no todo el mundo en la cadena de valor del café salvadoreño esta tan afectado como se ha descrito anteriormente. Hay, por supuesto, agricultores y beneficiadores que tienen los medios financieros, la educación y el conocimiento para adaptarse a los tiempos. Ellos, sin embargo, son pocos y no son representativos de todo el sector cafetalero.

Hay mucho por hacer. Tomará tiempo, esfuerzo y recursos financieros, pero eso depende de la unión de todos los grupos de interés de la industria del café y su alineación hacia objetivos estratégicos comunes de crecimiento y desarrollo.

El café en El Salvador no sólo sobrevivirá, sino que prosperará. Créalo.

Originalmente publicado en "El Economista".

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